miércoles, 19 de marzo de 2008

En el trabajo



Acá estoy, escoltado por Marta en nuestro lugar de trabajo, con todo y uniforme.

París 09-18 de Marzo de 2008




París






Anclado en París






Dado que los designios del Señor son inescrutables, y que las paradojas y las absurdidades de la posmodernidad son inagotables, de pronto me encuentro en un cabaret parisino con Bucket (turca), Emi (japonesa), Mónica (italiana), Steffania (suiza, mitad italiana, mitad húngara), Janina (alemana), Alma (mexicana), Andrea (sí, italiano, aunque parezca chino), Catherine (nacida en Finlandia de padres coreanos), Geoffrey (coreano-parisino) y Peter (coreano-australiano). Emi es la única que es justamente lo que parece ser. De mí el resto no tenía muy claro si esperar una sevillana o un tango.

Esta situación de debió a un curso que de la empresa para la que trabajo. Para el mismo te llevan a París para someterte a reuniones de supuesto carácter formativo, con muchos giros sectarios y por supuesto corporativos. Se supone como una visita a "el lugar donde se crea la magia" -léase: fábrica, depósito general para Europa, casa-museo donde vivió la familia Vuitton, etc. Debo reconocer que esto último fue muy lindo, ya que la mencionada vivienda, de estilo Art Noveau, conserva intactos los vitrales originales, así como la decoración en yeso de los cielos rasos y la boisserie que reviste las paredes. Además han recreado el mobiliario original con mucho gusto. El curso también incluyó nociones de ceremonial y protocolo (como guardar y entregar una tarjeta personal, como acompañar en una escalera, como presentar a dos personas). Creo que no es necesario que explique qué se me pasaba por la cabeza en esos momentos.

Como podrán apreciar, les va la cosa cosmopolita, por eso nunca se coincide con gente del país de origen (y en la medida de lo posible, tampoco de la misma lengua). Toda una ola de tolerancia bienpensante y de comunidad de las naciones recorrió la experiencia.

Allende el contenido de las sesiones (un auténtico horror), se agradeció la oportunidad para estar una vez más en París, ciudad bella si las hay, ya que por suerte, fui un poco antes del inicio del curso. Aún después de las reuniones de adoctrinamiento sobre buen gusto y etiqueta quedaba tiempo para vagar por sus hermosas calles y también tuvimos un fin de semana libre.

Creo que es imposible cansarse de caminar por la ribera del río que la cruza, así somo detenerse una y otra vez a atisbar su horizonte monumental desde sus bellísimos puentes. Es la segunda vez que la visito y es increíble el poder subyugante que posee. Allí cuesta creer que no existen modelos para la belleza.